¿Y todavía creéis en el Ratoncito Pérez?

Vivimos en la Sociedad de lo efímero, de lo fugaz. Parece que nada, o muy pocas cosas permanecen mientras nos instalamos complacientes en un cambio constante. La tecnología, que en tantos campos ha cambiado nuestras vidas para bien, lo invade todo y todo nos lo da hecho. Comer, vivir, trabajar, estudiar, amar…¡Qué comodidad!


Esta tecnología, acerca a los niños, desde su más corta edad a experiencias virtuales que, en ese sentido, los diferencian ya, de hecho, de las generaciones que les hemos precedido y parece hacerlos algo distintos a nosotros.

Pero si,  “a golpe de click”, parece que todo el Mundo se encuentra al alcance de nuestra mano, ¿corremos -corren- el riesgo de perder de vista la vida real, el mundo de los sentimientos y las emociones, de las experiencias verdaderamente vitales y para nada virtuales?

Afortunadamente, aún existen esos nexos Mágicos entre el pasado y el presente, las Tradiciones, entre unas generaciones y otras y que, por mucho que la tecnología nos cambie, siempre se resisten a desaparecer o al menos se adaptan con vigor a los nuevos tiempos.

Para los niños siguen existiendo personajes de cuento, mágicos y misteriosos que alentamos, creamos y mantenemos sus mayores porque nos ayudan a explicarles, de maneras tan dulces y provisionales, por qué y cómo serán algunas cosas que vendrán a sus vidas.

Para ellos, existen las hadas porque cuando crezcan sabrán que hay cosas aparentemente inexplicables. Existen los Reyes Magos porque hay un sentimiento profundo de los padres hacia sus hijos que se manifiesta todos los días pero encuentra un día especial que sale a la luz de manera más material en forma de juguetes.

Y existe el Ratoncito Pérez, que  representa el momento en que caen los dientes de leche. En el que una pequeña parte de cada uno, por primera vez en nuestras vidas, se separa de nosotros. Es momento un poco dramático, desde luego importante para los más pequeños, con un poco de inquietud, un poco de incertidumbre y un poco de pesar. Cuando un niño o niña se mira al espejo mellado  se ve diferente por primera vez en su vida y se “siente mayor”. Nota que algo empieza a cambiar.

Hace ahora casi diez años, los promotores de La Moneda de Pérez, con hijos entonces en esa edad, nos dimos cuenta que las cosas que pusimos bajo sus almohadas a cambio de sus primeros dientes eran efímeras. No estaban destinadas a perdurar y a grabar en sus memorias el momento mágico de la caída de los dientes de leche. Si fue algo de dinero, se gastó en su momento y no recuerdan en qué. Si fueron “chuches” duraron cinco minutos escasos y si fue un juguete, seguro que se perdió, se rompió y se olvidó irremisiblemente.

Entonces, nos planteamos varias preguntas: ¿Cómo fijar ese momento en la memoria de nuestros hijos?, ¿Cómo hacer tangible la Tradición de Ratoncito Pérez?, ¿Cómo hacer que tengan “un regalo para siempre”?.

El secreto estaba en el origen, en ese cuento que hoy nos parece un poco de otras épocas, porque realmente lo es y nunca debería renegar de su origen: Ratón Pérez y el diente de un Rey del Padre Coloma. Este pequeño relato fijó desde entonces en la memoria colectiva que cualquier niño o niña puede recibir bajo su almohada de manos del propio Pérez una estupenda Moneda de Oro.

Aquí es donde La Moneda de Pérez empieza su camino. Muy pronto, en este mismo blog, os seguiremos contando más cosas.

Cuidaos mucho y… ¡creed en el Ratoncito Pérez!



La Moneda de Pérez


 

 



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